BlogGoogleÚltimas Noticias¿Qué tipos de bullying hay?

julio 30, 2025

Alrededor de 200.000 suicidios de jóvenes entre 14 y 28 años están relacionados con el bullying”, declaró la Organización Mundial de la Salud junto a las Naciones Unidas. Los tipos de bullying y sus características pueden variar entre cada caso, pero las consecuencias y secuelas siguen siendo devastadoras para las víctimas y sus familias. Maltrato, hostigamiento y acoso son algunos de los sinónimos que se le han asignado al término bullying. Estas denominaciones se refieren a los diversos actos de violencia física, emocional o psicológica de forma intencional y repetida en el tiempo. El acosador toma ventaja del desequilibrio de poder entre él y su víctima para conseguir algún beneficio.

Estos actos de violencia afectan la salud mental y emocional de quienes los padecen, así como pueden impactar su rendimiento académico, sus relaciones interpersonales y su desarrollo personal. Diversos estudios han demostrado que las víctimas de bullying tienen un mayor riesgo de padecer ansiedad, depresión, trastornos del sueño e incluso pensamientos suicidas, lo que subraya la urgencia de abordar este problema desde una perspectiva educativa, comunitaria y de salud pública.


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¿Qué es el bullying?

El bullying es un fenómeno social con el objetivo de intimidar, dañar y asustar a las víctimas. De igual forma, puede ocurrir en diversos ambientes y con participantes de diferentes edades, nacionalidades y clases sociales. Pero ¿Cuántos tipos hay de bullying?

La detección de actos de hostigamiento y maltrato suele ser complicada, ya que los abusadores tienen a realizarlos a espaldas de las autoridades. Entre los tipos de bullying de acoso más conocidos se presenta:

  • El acoso físico: el acosador lastima físicamente a la víctima mediante golpes, empujones o el uso de algún instrumento. Puede causar daños pasajeros o permanentes. 
  • Acoso verbal: consiste en insultos, amenazas o provocaciones hacia la víctima.
  • El acoso social: en este tipo el acosador decide aislar o marginar socialmente a la víctima mediante rumores, persuadiendo a otros o humillación pública.
  • Acoso sexual: recoge todas las acciones que implican actos sexuales sin consentimiento o burlas hacia la orientación sexual de la víctima.
  • Ciberbullying: ocurre a través de dispositivos electrónicos. El acosador envía mensajes desagradables, difunde rumores o imágenes denigrantes en las redes sociales y puede crear perfiles falsos de la víctima.

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¿Cuáles son los rasgos de los acosadores de bullying?

Sea por su comportamiento, estatus, raza, religión o identidad sexual, los acosadores o “bullies” pueden tener diversos motivos detrás de sus comportamientos. Paralelamente a los diferentes tipos de bullying que pueden presentarse, existen varios tipos de acosadores en el bullying

Los cinco tipos de acosadores más comunes que se presentan son: el rechazado, los cuales acosan como un medio de reivindicación por previos rechazos; el que siente disgusto hacia alguien que lo ha ofendido o resentido; que busca la intimidad con la víctima mediante malos tratos; el incompetente o sin habilidades sociales, que actúa de manera violenta porque no entiende las reglas sociales; y el controlador, el cual planea, ensaya y hasta fantasea sus ataques.

La acción fundamental que se debe realizar ante un acosador es denunciarlo inmediatamente para proteger la integridad mental y física de la víctima. Los tipos de bullying de violencia pueden tener ligeras variaciones y ser disimuladas, por lo que es importante aprender a detectarlas.

Dentro del perfil psicológico de las personas acosadoras se repiten una serie de rasgos, antecedentes y conductas. Entre ellos:

  1. Comportamientos narcisistas. Muchas veces los acosadores tienen una perspectiva irreal de su propia importancia, llevándolos a utilizar a otros por falta de empatía.
  2. Egoísmo. Los acosadores tienden a actuar sin considerar las consecuencias de sus actos.
  3. Historial de violencia doméstica. Aprenden lo que ven en casa y lo trasladan a sus frustraciones.
  4. Incapaz de afrontar rechazo y uso de violencia para encajar socialmente.
  5. Obsesivo, controlador y compulsivo. Los acosadores pueden llegar a sufrir ansiedad si no se encuentran en control.
  6. Celos, indicador de inseguridad.
  7. Comportamientos manipuladores.
  8. Dependencia emocional en sus relaciones. Los acosadores pueden sentir miedo e inseguridad en sus vínculos emocionales.
  9. Baja autoestima, usualmente traducido en acoso sentimental, psicológico o violento.

Los tipos de ciberbullying

Desde el auge del internet y las redes sociales, ha aparecido uno de los tipos de bullying más comunes: el ciberbullying. Esta problemática afecta a niños, jóvenes y adultos por igual. Este es el tipo de intimidación, amenaza y acoso agresivo en plataformas digitales como mensajería instantánea y redes sociales que se produce reiteradamente.

Con la rápida evolución de las redes sociales y los dispositivos electrónicos han aparecido diversos tipos de ciberbullying. Generalmente, dichos métodos se basan en las agresiones de tipo verbal y social. Por ejemplo, si un usuario publica continuamente insultos, calumnias y otros comentarios inflamatorios en línea con el objetivo de molestar a su víctima nos encontramos frente a un caso de Trolling o de Flaming

Unos de los tipos de bullying cibernético con mayor auge son aquellos con el objetivo de dañar su reputación online. Los tres tipos más resaltantes son el Doxing o la difusión de información personal e íntima de la víctima sin su consentimiento; el Fraping, donde el acosador publica contenido inapropiado bajo el nombre de la víctima; y el Dissing o la difusión de contenido cruel hacia los contactos de la víctima.

Existen metodologías de ciberbullying que utilizan la ingeniería social para engañar a las víctimas y robar sus datos más confidenciales como los datos de tarjetas de créditos o bancarios: el Phising. Este tipo de bullying cibernético puede ser penado como un delito dependiendo de su gravedad.

El internet es un espacio amplio y sin límites, por lo que lo convierte en el entorno perfecto para los obsesivos. El Ciberstalking, Harassment y Enmascaramiento son tipos de acoso en donde el acosador se obsesiona con su víctima y la inunda de mensajes no deseados. Usualmente, en estos casos el acosador tiende a ser una persona cercana a la víctima.

Tipos de bullying escolar

Entre un 15% y un 50% de los niños y los adolescentes pueden haber sido víctimas de acoso escolar en algún momento«, comenta una investigadora del Instituto de Psiquiatría del Hospital Universitario Gregorio Marañón. El bullying y tipos de acoso escolar son un gran problema que no ha perdido su incidencia mundialmente.

Dentro de todos los tipos de bullying deben existir tres agentes participantes: la víctima, el acosador y los cómplices. A pesar de que no existe una clasificación básica del bullying escolar, se suelen observar diferentes escenarios:

  1. Verbal: incluye insultos, apodos, rumores, amenazas y burlas por parte de uno o más niños para discriminar o intimidar a la víctima.
  2. Social: cuando unos niños intentan aislar al objetivo del grupo o de una actividad.
  3. Psicológico: el hostigador infringe temor constante a la víctima para tomar control sobre ella.
  4. Sexual: son actos y comentarios de carácter sexual sin el consentimiento de la víctima.
  5. Ciberbullying: incluye insultos y difamación en medios digitales.
  6. Físico: incluye golpes, empujones, palizas y hasta el robo de las pertenencias.
  7. Brandbullying: acciones con el objetivo de ridiculizar a las víctimas que no poseen indumentaria de marcas populares.
  8. Chivo expiatorio: acoso constante hacia uno de los integrantes de un grupo mediante burlas, chistes o violencia física. Es como un contrato implícito.

El origen de estos tipos de bullying o violencia escolar puede venir de muchas vertientes, como problemas sociales, económicos o la vida en casa del acosador. Es importante que las autoridades enseñen a los jóvenes el impacto del diálogo y la comunicación de los problemas, antes que pasen a mayores escalas.

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Prevención y detección temprana del bullying

Abordar el bullying de manera efectiva implica actuar antes de que el daño se consolide. La prevención y la detección temprana son fundamentales para proteger la salud mental, emocional y social de los jóvenes. Identificar los signos iniciales y establecer entornos seguros, tanto en la escuela como en el hogar, permite frenar a tiempo las distintas formas de acoso antes de que sus consecuencias se vuelvan irreversibles. Esto cobra aún más importancia cuando se considera la variedad de tipos de bullying existentes, que pueden manifestarse de forma directa o encubierta.

Consejos para la prevención del bullying

En primer lugar, la prevención comienza con la educación. Las escuelas deben incluir en sus programas formativos contenidos que fomenten la empatía, el respeto por la diversidad y la resolución pacífica de conflictos. Hablar abiertamente sobre los tipos de bullying —físico, verbal, psicológico, social o cibernético— ayuda a que los estudiantes reconozcan conductas inadecuadas y aprendan a no normalizarlas. Además, al incluir talleres o actividades dinámicas, se promueve una cultura de diálogo y apoyo entre compañeros.

La participación de las familias también es esencial. Padres y madres que mantienen una comunicación abierta con sus hijos pueden detectar cambios en el estado de ánimo, en los hábitos escolares o en las relaciones sociales. Algunas señales de alerta incluyen el aislamiento repentino, la falta de interés por asistir al colegio, alteraciones del sueño, pérdida de pertenencias personales o incluso la aparición de lesiones sin explicación clara. Escuchar con atención y sin juzgar permite que los jóvenes se sientan seguros para hablar de lo que les ocurre, sin importar qué tipos de bullying estén enfrentando.

Desde el ámbito institucional, es clave contar con protocolos de actuación claros ante cualquier indicio de acoso. Docentes, orientadores y personal administrativo deben estar capacitados para identificar tanto a las víctimas como a los agresores, y actuar de inmediato con estrategias restaurativas que prioricen el bienestar del alumno afectado. También se deben establecer canales confidenciales para que estudiantes o testigos puedan reportar situaciones sin temor a represalias.

El entorno digital ha abierto nuevas formas de acoso que, por su invisibilidad física, suelen pasar desapercibidas por más tiempo. Por eso, una parte importante de la prevención consiste en educar a los jóvenes sobre el uso responsable de las redes sociales, el respeto en línea y la importancia de no compartir ni difundir contenido ofensivo o privado. Muchos de los tipos de bullying más difíciles de detectar hoy en día se originan en plataformas virtuales, donde los límites entre lo público y lo privado se desdibujan.

Finalmente, fomentar una cultura escolar basada en la inclusión y la solidaridad reduce las probabilidades de que el bullying se arraigue. Cuando los estudiantes entienden que sus diferencias no los hacen vulnerables sino valiosos, el ambiente escolar se transforma en un espacio protector. Prevenir el bullying no significa solo evitar que ocurra, sino construir entornos donde cada persona, sin importar su apariencia, género, cultura o habilidades, se sienta aceptada y respetada.

El rol del espectador: ¿cómplice o parte de la solución?

Cuando se habla de bullying, la atención suele centrarse en la figura del agresor y la víctima. Sin embargo, existe un tercer actor cuya presencia es determinante: el espectador. Quienes observan un acto de acoso sin intervenir, ya sea por miedo, indiferencia o desconocimiento, también forman parte del escenario y pueden influir profundamente en su desenlace. Su rol puede marcar la diferencia entre perpetuar la violencia o contribuir activamente a detenerla.

Los espectadores suelen ser compañeros de clase, amigos o incluso transeúntes que presencian episodios de burlas, exclusión, agresiones físicas o cualquiera de los tipos de bullying que ocurren tanto en espacios físicos como virtuales. En muchos casos, el silencio o la risa de quienes observan refuerzan el poder del agresor, validando indirectamente su conducta y aumentando la vulnerabilidad de la víctima.

¿Cómo puede actuar un espectador de forma positiva?

Convertirse en parte de la solución implica asumir una actitud activa y consciente. El espectador no necesita ser un héroe ni enfrentarse directamente al agresor para marcar la diferencia. A veces, pequeños gestos son suficientes para cambiar el rumbo de una situación. La clave está en romper el silencio y no permitir que los distintos tipos de bullying se sigan reproduciendo sin consecuencias.

  • Defender a la víctima de forma verbal si la situación lo permite, sin ponerse en riesgo.

  • Reportar el hecho a un adulto de confianza: profesor, orientador, directivo o familiar.

  • Ofrecer apoyo emocional a la persona acosada, haciendo que no se sienta sola ni culpable.

  • Evitar reírse, grabar o compartir lo ocurrido, especialmente en casos de ciberbullying.

  • Fomentar el rechazo colectivo a las conductas agresivas, fortaleciendo los valores del grupo.

Está comprobado que cuando al menos un espectador interviene de manera adecuada, muchos episodios de acoso terminan más rápidamente. La clave está en promover entornos donde estas acciones sean reconocidas y valoradas.

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Barreras que impiden actuar al espectador

Existen diversas razones por las que un espectador puede optar por mantenerse al margen, incluso si reconoce que está presenciando un acto injusto. Algunas de las más comunes son:

  • Temor a convertirse en una nueva víctima del mismo agresor.

  • Falta de información sobre los distintos tipos de bullying y cómo abordarlos.

  • Normalización del acoso, creyendo que “solo es una broma” o que “siempre ha sido así”.

  • Inseguridad personal o baja autoestima que impide tomar una postura activa.

Por eso, las instituciones educativas tienen un rol clave: deben fomentar el desarrollo de la empatía, la responsabilidad colectiva y el respeto. Educar sobre los tipos de bullying y promover campañas de concienciación puede empoderar a los jóvenes para que se conviertan en defensores de sus compañeros, no en cómplices silenciosos.

Elegir entre mirar hacia otro lado o actuar puede tener un impacto profundo en la vida de quien sufre acoso. Más allá de observar, se puede influir, transformar y proteger. Fomentar el compromiso activo frente al bullying es una responsabilidad compartida por estudiantes, familias, docentes e instituciones.

Consecuencias del bullying en los jóvenes

El bullying deja huellas visibles en las víctimas, sino también profundas cicatrices emocionales que pueden acompañarlas durante años. Cuando un joven es sometido de forma constante a burlas, exclusión, agresiones físicas o acoso psicológico —todos ellos tipos de bullying—, su percepción del entorno cambia radicalmente: el colegio, que debería ser un espacio de crecimiento, se convierte en un lugar de miedo e inseguridad.

Uno de los efectos más inmediatos es el deterioro de la salud mental. La ansiedad, la baja autoestima, la tristeza persistente y la pérdida de motivación son síntomas comunes en jóvenes que sufren distintos tipos de bullying. Con el paso del tiempo, estas señales pueden intensificarse hasta derivar en cuadros depresivos, trastornos alimentarios, autolesiones o incluso pensamientos suicidas. De hecho, según la Organización Mundial de la Salud, el bullying figura como uno de los factores de riesgo más relevantes en la conducta suicida de adolescentes.

En el ámbito académico, las consecuencias también son notorias. El rendimiento escolar tiende a disminuir, ya sea por la falta de concentración, el miedo a asistir a clases o el rechazo a participar en actividades grupales. Muchos jóvenes acosados buscan evitar el entorno escolar mediante ausencias frecuentes o simulación de enfermedades, lo que a su vez profundiza su aislamiento y retrasa su desarrollo educativo.

A nivel social, el bullying puede provocar que los jóvenes se vuelvan retraídos, desconfiados o dependientes emocionalmente de sus familias. Las habilidades de interacción se ven afectadas, especialmente cuando los tipos de bullying —como el acoso verbal, la exclusión social o la difusión de rumores— se presentan de forma constante. En algunos casos extremos, la víctima asume una visión distorsionada de sí misma, interiorizando el rechazo como parte de su identidad. Esto ocurre con mayor frecuencia cuando los tipos de bullying que se ejercen tienen un componente público o humillante, amplificando el impacto emocional y dificultando la recuperación del entorno social.

Es importante subrayar que las consecuencias no desaparecen automáticamente cuando cesa el acoso. Si no se brinda el acompañamiento adecuado, las secuelas del bullying pueden extenderse a la vida adulta, influyendo en la forma en que la persona se relaciona con los demás, toma decisiones o enfrenta conflictos. Por eso, la intervención temprana y el apoyo psicológico son fundamentales no solo para detener el acoso, sino también para reconstruir la autoestima y el bienestar de quienes lo han sufrido.

Alejandro Abascal
CEO Remove Group en Remove Group | Web |  + posts

Soy Alejandro Abascal, especialista en reputación online y fundador de Remove Group, una empresa tecnológica dedicada a proteger y mejorar la imagen digital de personas y organizaciones. Desde 2019, he liderado proyectos que combinan tecnología avanzada y estrategias de comunicación para gestionar la huella digital y mitigar riesgos reputacionales.

Mi experiencia incluye la eliminación de contenido perjudicial, la desindexación de enlaces negativos y la promoción de información positiva en buscadores. He colaborado con diversos sectores, desde el financiero hasta el sanitario, ofreciendo soluciones personalizadas que garantizan resultados efectivos y confidenciales.

Además, he participado en iniciativas como Difunde Online y he contribuido en publicaciones especializadas, compartiendo conocimientos sobre la importancia de una reputación digital sólida. Creo firmemente que una gestión proactiva de la presencia online es esencial en el mundo actual.